Los primeros días no hacen ruido.
No avisan.
Y, sin darte cuenta, ya han pasado.
Las sesiones newborn nacen justo ahí. En ese momento frágil y precioso en el que todo es pequeño, lento y nuevo. Donde las manos todavía no saben muy bien qué hacer y el mundo se mira con los ojos cerrados.
Estas sesiones se realizan con calma. Sin prisas. Respetando los ritmos del bebé y de la familia. Aquí no se fuerza nada. Si hay brazos, se usan. Si hay pausa, se espera. Porque lo importante no es la foto perfecta, sino que todo fluya.
La luz es suave.
El ambiente, tranquilo.
Y el protagonismo… siempre del bebé.
También hay espacio para las familias. Para esos primeros abrazos, para mirarse con esa mezcla de cansancio y amor que solo existe al principio. Porque esta historia no va solo del recién nacido, va de todo lo que empieza alrededor.
Las sesiones newborn no son un recuerdo para ahora. Son un regalo para el futuro. Para cuando esas manos ya no sean tan pequeñas y esa sensación no se pueda volver a repetir.
Y entonces, agradecerás haber parado un momento.





















